ANECDOTA DE MIGUEL
-Hoy dije que iba a contar una anécdota yo, -le digo a Eugenio- y ya que en la radio han hablado de choros todo el día, voy a contar un caso relacionado con un choreo que me sucedió.
Usted bien sabe que además de cartonero, también soy pintor de obra. Y esto también lo sabe la Juanita la mujercita de acá a la vuelta, que tiene un montón de chicos, la mujer de “Cuchillo Loco” , que de loco no tiene nada.
-¡El que de nuevo está preso! –dice Eugenio.
-Esta mujercita por mucho tiempo me pidió una changuita para su marido, por los chicos ¿vió?
-¡ Y, si!...-murmura Eugenio.
-Me sale de pintar una casa en Bº Junior, gente que me aprecia mucho. Cerramos el trato y lo llevo a Cuchillo para que me ayude.
Habíamos terminado de pintar los dormitorios y esa mañana le pido a Cuchillo, como todos los días, que traiga una gaseosa del almacén. Sale Cuchillo y me llama la dueña.
-Don Miguel desde ayer me faltan dos brazaletes, un reloj y un anillo, todas cosas de oro, -me dice- yo se que usted no fue, pero esto tiene que aparecer.
.-Cómo no señora, -le digo- déjemelo a mí...
Apesadumbrado, pienso ¿qué hacer? ¿Y cómo hacer?...Ahhh ya sé...- me digo- Y justo entra Cuchillo con la gaseosa. Así que pongo en funcionamiento el plan...
-Esperame, voy a buscar pintura. –le digo y salgo.
Tomo un taxi y llego hasta el ranchito de Cuchillo; donde me atiende Juanita, cuando me ve, abre los ojos grandotes.
-No se asuste Juanita que me manda Cuchillo, -le digo y continúo- la verdad tengo que felicitarla, ¡que marido inteligente tiene!... muy vivo, y rápido y audaz para los negocios, más que un empleado tendría que ser mi socio. Fijesé que logró que le dieran un televisor, un D.V.D y dos bicicletas, aunque usadas, para los chicos, por las joyas que trajo ayer, mire que maravilla...
-Pero...-balbuceo Juanita.
Pero, nada de pero...,-la corto y sigo- me dijo que se las mande urgente porque él se quedaba con el tipo, no vaya a ser que se arrepienta y se le vuele el negocio, y además apurese que me está esperando el taxi...
De lo bien que hablaba de su marido se animó y sacó una bolsita de un mueble viejo y me la dió.
Urgente me vuelvo a la casa, le muestro a la señora quien dijo que estaba todo. Y gracias a Dios pude quedar limpio. Porque aunque pobre los cartoneros somos honestos.
-Bien, le salió bien, así que ahora un cuentito de choro para terminar, -dice Eugenio.
- Está bien, aunque va a parecer de humor negro, ahí va:
Un choro es trasladado detenido por los pasillos del Palacio de Justicia. De pronto le dice al guardia:
-¿Puedo ir al baño?
¿Qué vai a hacer?
-Vuá ir de habeas corpus.
-No te olvidei de tirar la cadena perpetua.
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