¡ME QUEDO HELADO!
Hice así, tal cual, acomodo los cartones y el carro y lo vengo a ver, la mano totalmente hinchada, lo menos tenía para dos días, y justo ahora con tanto cartón para buscar.. !qué hago!...,!qué hago!..., y hasta casi un grito me sale… !Dios qué hago!...
-Yo lo puedo ayudar –escucho una voz a mi espalda.
Me quedo helado, si a pesar del calor que hacia, me quedo helado, pero me repuse un poco, me di vuelta y pregunté…
-¿Cómo, es cierto que habla?
Ahí estaba, tranquilo me miraba y dijo:
-Sí, todos los animales hablamos, sino, dígame ¿cómo nos entenderíamos?
-Claro, por supuesto, el perro con el perro, el gato con el gato, y el caballo con el caballo.
-Si,–contesta Eugenio- también el hombre con el perro el hombre con el gato y el hombre con el caballo, y ellos también entienden, ¿acaso cuando lo llaman por su nombre no vienen?.
-Y, si –balbuceo.
-Y cuantas veces –continúa el burro- el hombre se da cuenta de algo porque los animales le avisan.
-Y, si –vuelvo a repetir.
Acaso no ha escuchado –sigue diciendo Eugenio- por ejemplo, decir a este perro solo le falta hablar… y en realidad a su manera pero habla.
Mañana continuamos este interesante diálogo, hoy termino con el cuento cordobés:
En la peluquería el guaso se rascaba cada rato la cabeza, ya el peluquero nervioso le pregunta:
-¿Qué pasa , te rascá los piojos?
-No si le vuá está acariciando la espalda
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