MUERE DON RAMON (Continuación)
…Si, el burro y el carro, el carro y el burro.
Ese viejo burro al que mas de una vez aporreaba, si, borracho porque no arrancaba, con el carro hasta “arriba” de escombros, o repleto de arena, carro pesadísimo, y aun peor con las ruedas chuecas, verdaderamente era un triste burro de carga, al que él le llamaba Eugenio, y la verdad, era de muy buen genio, ya que este pobre animal de carga, era muy fiel, no importaba donde estuviera su amo, ya sea bien cerca o bien lejos, se orientaba y siempre traía el amo a su casa, ese amo que siempre se bajaba en cuatro patas, muy borracho, y que hoy estaba pagando las consecuencias.
Sí, ahí estaba Eugenio, en el patio, mirándolo, triste y en silencio,¿pero que digo en silencio?, ¿ y de que otra manera puede mirarlo el burro?
Y, mientras estoy pensando todas estas cosas, lo escucho repetir a don Ramón, ya casi entrecortado:
-Lo que más le encargo es a Eugenio…
-Pero no se haga problemas don Ramón –le digo- ya viene la ambulancia que llamé, así usted se va, se cura y vuelve.
Si, tal vez era una mentirita piadosa, de las que tantas decimos, pero esta vez ni yo me lo creía.
-No, -decía don Ramón-, yo se que de ésta no vuelvo, y vos y Eugenio son los únicos que me han acompañado hasta lo último, -y volvía a repetir- por eso le pido que…
Mañana continuamos con la historia… pero como siempre antes de irme va el cuento:
Se encuentran dos negros en la puerta del baile:
-Che macho, prestame cien pesos,
-No fecundarás pequeños porcinos.
-¿Qué lo que decí?
-No vai a tener chanchitos
CUANDO MIGUEL SE QUEDA CON EL BURRO (II)
MUERE DON RAMON (Continuación)
…Si, el burro y el carro, el carro y el burro.
Ese viejo burro al que mas de una vez aporreaba, si, borracho porque no arrancaba, con el carro hasta “arriba” de escombros, o repleto de arena, carro pesadísimo, y aun peor con las ruedas chuecas, verdaderamente era un triste burro de carga, al que él le llamaba Eugenio, y la verdad, era de muy buen genio, ya que este pobre animal de carga, era muy fiel, no importaba donde estuviera su amo, ya sea bien cerca o bien lejos, se orientaba y siempre traía el amo a su casa, ese amo que siempre se bajaba en cuatro patas, muy borracho, y que hoy estaba pagando las consecuencias.
Sí, ahí estaba Eugenio, en el patio, mirándolo, triste y en silencio,¿pero que digo en silencio?, ¿ y de que otra manera puede mirarlo el burro?
Y, mientras estoy pensando todas estas cosas, lo escucho repetir a don Ramón, ya casi entrecortado:
-Lo que más le encargo es a Eugenio…
-Pero no se haga problemas don Ramón –le digo- ya viene la ambulancia que llamé, así usted se va, se cura y vuelve.
Si, tal vez era una mentirita piadosa, de las que tantas decimos, pero esta vez ni yo me lo creía.
-No, -decía don Ramón-, yo se que de ésta no vuelvo, y vos y Eugenio son los únicos que me han acompañado hasta lo último, -y volvía a repetir- por eso le pido que…
Mañana continuamos con la historia… pero como siempre antes de irme va el cuento:
Se encuentran dos negros en la puerta del baile:
-Che macho, prestame cien pesos,
-No fecundarás pequeños porcinos.
-¿Qué lo que decí?
-No vai a tener chanchitos
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