LO ESTABA EMPEZANDO A RESPETAR...
-Eh, -le increspo- por supuesto, ya que todos los años lo desparasito.
Pero la verdad –pensé- es una pregunta muy acertada ya que sabemos del terrible trabajo de los parásitos en las extremidades.
-Entonces entremos a buscar las cosas para curar a esta pobre bestia.
-¿Qué precisamos? –le pregunto para ver que me respondía.
-Una lata de 20 litros –me dijo- un buen poco de jarilla, sal gruesa, una bolsa arpillera, unas tiras de tela, y un buen fuego para poder poner la lata de 20.
Y al ratito...
-Bueno Eugenio, aquí estoy con todo lo que me pidió –le digo, mientras pensaba que la verdad lo estaba empezando a respetar por que eran las cosas que yo usaba para estos casos, pero tenía curiosidad para ver como seguía la cosa, así que le pregunté.
-¿Qué hago con esto?
-Ponga en el fuego –me dijo- la lata de 20 litros con un poco más de la mitad de agua. Le pone unos tres puñados de jarilla, casi dos puñados de sal y a esto lo deja hervir bastante, hasta que el agua se ponga verde. Lo saca del fuego. Lo deja entibiar un poco y aún calentito le puede meter la mano del caballo un ratito, en la primera vuelta medio que se va a cimbrar. Luego agarra la arpillera, la empapa bien con esa agua, le envuelve la mano atándola flojita nomás con las tiras y lo deja.
Dos o tres veces hoy, lo repite mañana, y pasado está listo.
Me está dejando con la boca abierta, -pensaba- si era lo mas apropiado que conocía que se podía hacer para este problema. ¿Lo único que faltaba era que me dijera que le cortara unas crines de la cola y le anudara para que lo ayudara?.
¿Le responderá el burro Eugenio a esta pregunta que se hace Miguel?, mañana lo sabremos pero antes de irme el cuento cordobés:
Estaban recabando informes del negro cuando le pregunta el de la oficina:
-¿Y usted en que trabaja?
-Pelo papas.
-¿En un restaurant?
-No si vua sé peluquero del Vaticano
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